
Pese a los esfuerzos del Municipio de Loja en no permitir las ventas informales, a través de controles permanentes, más allá de la obstrucción de la vía pública que generan los comerciantes, lo que está en juego es la salud de los ciudadanos. Consumir en la calle trae consigo innumerables enfermedades.
A simple vista un cevichocho, una espumilla, humas, tamales, frutas o cualquier alimento que se oferta en la vereda, parece inofensivo pero las bacterias arrastradas por el polvo y la manipulación sin guantes es alarmante.
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